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jueves, 27 de agosto de 2015

Nuevos hallazgos en torno a los neandertales del "Abric Romaní" en Barcelona


ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuente: IPHES, SINC


 Recipiente excavado en el suelo / Foto: Palmira Saladié (IPHES)



La campaña de excavaciones de este año en el yacimiento neandertal catalán del Abric Romaní, en Capellades, Barcelona, ha sacado a la luz, no solo 10.000 nuevos fósiles, sino, además, un recipiente de 40 x 30 x 10 cms. excavado en el suelo que, probablemente, pudo haber servido para calentar agua.

En esta ocasión, las actividades de excavación se han situado en la unidad Qa del asentamiento, en una superficie de unos 180 m2, y cuya datación se remonta a hace unos 60.000 años de antigüedad.

Los restos fósiles, corresponden, no solo a partes de aquellos especímenes homínidos, sino también a infinidad de huesos  que pertenecieron a unos 15 animales, principalmente a caballos, ciervos, cabras y uros (especie bovina ya extinta), y que sirvieron de alimento a aquellos neandertales.  

Además se han encontrado multitud de herramientas confeccionadas en sílex, caliza y cuarzo, quedando muescas de las mismas en aquella extensa colección de huesos animales.

Desde que en 1983 comenzaran las excavaciones en este abrigo del Capelló, perfilado por la naturaleza dentro de un barranco de travertino (carbonato cálcico), han sido muchos los hallazgos realizados en relación a los hombres y mujeres neandertales que allí vivieron en torno hace unos 75.000 y 40.000 años. 

Expertos del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), que hasta junio de este mismo año estuvo dirigido por el eminente paleontólogo D. Eudald Carbonell,  han valorado como singulares, no solo el hallazgo de aquel agujero cóncavo excavado en el suelo, como posible recipiente para agua, sino también el hecho de que aquellos neandertales dividieran el alojamiento en habitaciones y separaran los desperdicios y los arrinconaran en un lugar apartado de aquella estancia, algo que resulta muy poco habitual en el registro mundial de yacimientos para esta misma especie homínida y todas las existentes en aquellos tiempos del Pleistoceno superior.

Este yacimiento, en el que se han localizado más de 200 hogares, está resultando clave para conocer cómo vivía la especie homínida neandertal, cuyo ADN, finalmente, acabó mezclado con el de nuestros ancestros.



miércoles, 22 de abril de 2015

Neandertales entre osos en el Pirineo catalán


ENÉSIMAS NUEVAS.
Alexis Pardillos.
Fuente: IPHES, El País , Sinc

Recreación artística / José Antonio Peñas / Sinc

Excavaciones recientes en la Cova de les Llenes, en la localidad ilerdense de Conca de Dalt, en el Pirineo catalán, han sacado a la luz las peripecias de un grupo de cazadores neandertales que acamparon próximos a la entrada de esta ubicación hace en torno a unos 200.000 años, durante el Pleistoceno.

Huesos de animales y restos líticos han sido hallados a la entrada de esta cueva por investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, en calidad y cantidad tal que han evidenciado, no solo la presencia de grupos de hombres de Neandertal que visitaban continuamente el enclave para cazar sino además precisamente una gran variedad de especies animales objeto de aquellas cacerías.

Entre aquellos animales se han podido distinguir ciervos, uros, corzos, rinocerontes, hienas, leopardos, tejones, lobos, zorros, además de tares (Hemitragus bonali), especie de oveja salvaje, y megaloceros, básicamente, unos ciervos de enormes  dimensiones, ambas especies, estas dos últimas, ya extinguidas. Pero además, el habitante estrella de aquella gruta en las postrimerías del Pirineo catalán era el majestuoso oso de las Cavernas, del que no solo se han hallado huesos sino además diferentes evidencias de su presencia  e hibernación en la misma, como son sus diferentes marcas de arañazos en las paredes.

Como prueba de la presencia de aquellos neandertales son fundamentales los restos líticos encontrados en las inmediaciones y que pertenecen a la denominada industria de “levallois” y “discoide” característica de aquella especie homínida que convivió con nuestra especie en aquellos tiempos ancestrales.

Esta última excavación, que finalizó el día 11 de abril, no es más que la antesala de una serie de excavaciones que se seguirán realizando, no solo en esta misma cueva si no también en otras del desfiladero de Erinyá dentro del proyecto de investigación “Compartiendo el espacio: la relación entre homínidos y carnívoros en el nordeste peninsular” financiado por la Generalitat de Catalunya.




domingo, 12 de abril de 2015

Dilema evolutivo entre australopitecos

ENÉSIMAS NUEVAS.
Alexis Pardillos.
Fuente: Nature, El País

A pesar de los grandes avances tecnológicos que se han acometido y de los conocimientos que se han adquirido hasta la fecha en diferentes materias, todavía hay muchos temas sobre los que no se tiene un dominio absoluto y de los que su orígenes y desarrollos vienen fundamentados en las hipótesis y conjeturas que se han podido ir barajando a la vista de las pruebas existentes y descubiertas en torno a aquellos asuntos. Tal es el caso de circunstancias como el origen del Cosmos, de la Humanidad o incluso del mismísimo lenguaje, que a diario y en multitud de formas, hablamos en todo el planeta.

De este modo, en ocasiones, cuando se suceden nuevos hallazgos y descubrimientos, éstos modifican sustancialmente las teorías existentes, incluso llegan, a veces, a echar por tierra interpretaciones que se habían constituido casi como auténticos axiomas del conocimiento, ante la falta de otras evidencias que demostraran lo contrario.

Y eso es lo que está sucediendo a raíz de los últimos estudios sobre unos restos fósiles hallados en Sudáfrica hace ya 21 años.

Hasta las últimas investigaciones en materia de paleoantropología evolutiva, se había establecido como el momento de la separación del linaje humano del de los chimpancés, hace en torno a unos 4,5 y  7 millones de años, y como abanderados de aquel cambio, que nos comenzaba a separar de aquellos antiguos primates, los géneros bautizados como Australopithecus (Austral: del Sur/Pithecus: Mono) y Ardipithecus (Ardi: Suelo/Pithecus: Mono). Habiéndose conseguido distinguir diferentes especies dentro de los unos y los otros, todos fueron considerados, en base a la interpretación de algunos científicos y en un cómputo general, como los primeros homínidos.

Entre todos aquellos, fue uno (una, por su sexo), el que se llevó la palma como el representante más antiguo de los homínidos. Fue un 24 noviembre, en 1.974, cuando un joven Donald Johanson, paleoantropólogo norteamericano, descubría en Hadar, en la región de Afar en Etiopía, y uno tras otro, los diferentes trozos de huesos que posteriormente constituirían el 40% del esqueleto del que fuera a catalogarse científicamente como A.L. 288-1, definido específicamente como Australopithecus afarensis, con una antigüedad de en torno a unos 3,2 millones años, y que popularmente fue bautizado con el nombre de "Lucy", en homenaje a aquel lisérgico tema de los Beatles, "Lucy in the Sky with Diamonds", que inundaba por aquellas fechas las revolucionadas emisoras de radio de todo el mundo.

Ahora, y tras los estudios publicados a primeros de este més de abril de 2015 en un artículo de la revista científica Nature, parece que se pone en duda aquella primacía de "Lucy" como la del primer género de homínidos después de los chimpancés.

Los restos fósiles en cuestión analizados (STW 573) y a cuya ancestral dueña ya se conoce como "Little Foot", fueron hallados en 1997, en el lugar hoy conocido como Sterkfontein, a 40 kms. de Johannesburgo, en Sudáfrica.


 Cabeza fosil de Australopithecus prometheus / Foto: Jason Heaton

El grado de incrustación en la roca y la fragilidad del material fosil son los culpables de que se hayan necesitado 13 años para separar los restos orgánicos de los  inorgánicos y para establecer científicamente la datación de los mismos, que en esta ocasión se ha realizado con la última técnica disponible, denominada cosmogénica, basada en el tipo de átomos de aluminio y berilio contenidos en el cuarzo en el que se halla incrustado el fósil, y cuyos resultados desprenden una antigüedad de alrededor de 3,67 millones años.

"Little Foot" también pertenece al mismo género que "Lucy", los australopitecos, pero con el apelativo de Prometheus para definir a esta nueva especie, y no solo podría ser más antigua que A. afarensis ("Lucy") si no que, además y de hecho, es sustancialmente algo más grande en cuanto a su tamaño y altura.  Si bien "Lucy" tenía una altura de 1,05 metros, "Little Foot" andaba por debajo del metro y medio, tenía un porte más robusto con hombros más fuertes, brazos más largos y, eso sí, con unos pies más pequeños que delataban su capacidad primigenia para subirse a los árboles.

Desde Enésima Centuria se ha elaborado un mapa actualizado de los principales  restos fósiles de los primeros homínidos en África para tener una visión general de este entramado evolutivo.

Puede pinchar sobre la imagen para ampliar el mapa


Si ya hasta la fecha de publicación de este estudio existían controversias sobre cual de las especies descubiertas podía posicionarse como la más antigua y considerarse el eslabón perdido entre  los homínidos y  aquellos primitivos chimpancés, el descubrimiento reciente del fosil más antiguo del género Homo en un área cercana a la de "Lucy" encadenaría evolutivamente a ambos, y ahora la aparición de este otro espécimen de pies pequeños, amplia el abanico de posibilidades y los científicos prevén para un futuro no lejano el acercamiento a un planteamiento más preciso de este universal dilema, en base al desarrollo de los estudios que se están llevando a cabo sobre este último homínido catalogado, entre otros.



sábado, 21 de marzo de 2015

Encontrados en Etiopía los restos fósiles del Homo más antiguo

ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuente: Scientific American, Science

Hace ya 50 años que se habían encontrado en Tanzania los restos fosiles homínidos que hasta ahora se habían considerado los más antiguos del género homo. Fueron los denominados Olduvai Hominid nº7 por ser encontrados en la Garganta de Olduvai en Tanzania. Fue en 1964 y el promotor del hallazgo el paleoantropólogo Louis Leakey, quien, junto a sus colegas científicos, anunció en la revista Nature el descubrimiento de una nueva especie para el estudio de la evolución humana, el Homo habilis. Los restos óseos están compuestos por una mandíbula inferior, partes de un neurocráneo y huesos de las manos, y los expertos determinaron su datación en 1,8 millones de años. Nuevos estudios sobre aquellos huesos con las más avanzadas técnicas computerizadas ofrecen, en un estudio reciente publicado en la revista Nature, la posibilidad de situar aquella especie en hace unos 2,3 millones de años, medio millón de años antes de lo que se pensaba hasta ahora.

Ahora, además, se han publicado las conclusiones de otro hallazgo revolucionario, para rastrear más aquella evolución, esta vez realizado en Etiopia, el 29 de enero de 2013 por Chalachew Seyoum, joven etiope estudiante en la Universidad Estatal de Arizona (E.E.U.U.), el cual quedó literalmente pasmado al vislumbrar aquella oscura mandíbula asomando entre sedimentos de 2,8 millones de años. Los restos encontrados en Ledi-Geraru, la mitad izquierda de una mandíbula inferior y cinco dientes, pueden resultar tambien un eslabón clave en el esclarecimiento de la evolución de la especie humana.


 Los fósiles LD 350-1 de 2013.  Fotografía del estudio. William Kimbel

Con los descubrimientos que se tenían hasta el día hoy  la existencia del género humano no se extendía más allá de los 2,3 millones de años, fecha en la que se dataron los más antiguos restos de homo habilis descubiertos. Así, entre estos y los últimos australopithecus catalogados, como la ya universalmente famosa Lucy hallada también en Etiopia y cuya especie vivió hace en torno a unos 3,9 y 3 millones de años, había una brecha de aproximadamente 1 millón de años, tiempos sobre los que reinaba la más absoluta carencia de muestras fósiles.

El entorno donde se halló el fosil se encontraba en una zona de pastizales y arbustos, cerca de un escenario con bosques, rios y lagos, donde campaban a sus anchas hipopótamos y cocodrilos.
Los investigadores autores del estudio publicado este mes en la revista Science  procedentes de Etiopia, Reino Unido y Estados Unidos y liderados por  Brian Villmoare de la Universidad de Nevada, concluyeron que aquella especie, cuyo mandibular vestigio se denominó LD 350-1, surgió hace unos 2,8 millones de años, destacando las señales evolutivas del especimen, en el que se aprecian algunos rasgos primitivos del género australopiteco y  otros modernos del género homo. Es por esto que dicha especie ha quedado catalogada, por el momento, como indeterminada.

Sin duda alguna, a medida que trascurre el tiempo van surgiendo nuevos hallazgos y descubrimientos que poco a poco van desvelando la fantástica  historia  de esa especie que fue evolucionando y que hoy precisamente se pregunta qué pasó y cómo fueron los avatares de aquel largo y vital camino.



martes, 3 de marzo de 2015

Hallado en Israel el cráneo del Sapiens que susurró a los Neandertales

ENÉSIMAS NUEVAS.
Alexis Pardillos.
Fuente: Nature, Scientific American.

Aproximadamente, entre el 2% y el 4% de los genes de  los actuales humanos, exceptuando a los africanos, corresponden al legado genético que en nosotros dejaron lo neandertales (Homo Neanderthalensis) como consecuencia del cruce de éste con nuestra especie hasta en dos ocasiones, hechos que se estimaba sucedieron  hace entre unos 80.000 y 50.000 años, una vez que la especie Sapiens había salido de África. Dichas estimaciones fueron realizadas en el año 2010 por Svante Pääbo y su equipo del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Lepzig, Alemania, cuando demostraron aquellos porcentajes sobre estudios genéticos en casi 2000 personas de todo el mundo y a través de, por primera vez, la secuenciación del genoma del Neandertal.



Foto: Estudio Israel Hershkovitz y otros.

Pues bien, muy recientemente, a finales de enero de este mismo año, la revista Nature publicaba la noticia de un sorprendente hallazgo en Israel, los restos de un cráneo de unos 55.000 años perteneciente a un homo sapiens que vivió en un lugar y en un tiempo en los que el neandertal ya habitaba, cazaba y merodeaba durante milenios. Esto es, si bien en la cueva donde fue hallado el resto óseo, llamada de Manot, una gruta Kárstica en la Galilea Occidental, no se halló ningún resto neandertal, en otras cuevas de los alrededores, las de Amud, a 40 kms. al SE y las de Kebara, a 54 kms. al S, si se ha constatado, a través de la evidencia fósil, la presencia y  morada de aquellos en esos mismos tiempos. De este modo no solo habría muchas probabilidades, sino que el estudio del equipo codirigido por el científico Israel Hershkovitz evidencia que nuestra especie convivió con aquellos neandertales pues compartieron durante milenios habitat y entorno de caza, manejando incluso la posibilidad de que, o aquel cráneo perteneció a un/a homo sapiens que pudo hibridarse con algún individuo neandertal (no se conoce hasta la fecha el sexo del individuo al que pertenecía el cráneo aunque sí que tenía unos 20 años) o que incluso éste fuera fruto de aquella hibridación.




No obstante, fuera donde fuese, aquella hibridación no fue negativa para aquellos primeros hombres modernos, no envileció la especie humana si no que, tal y como propuso un estudio de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford, al contrario, fortaleció nuestro sistema inmunológico introduciendo  nuevas variantes de genes, entre ellos los HLA, que pasaron a reconocer  y detruir los nuevos patógenos con una variabilidad y flexibilidad tal y como requería la rápida evolución de los propios virus. Es por aquellos antígenos generados en todos los descendientes de aquella mezcla que, por ejemplo, podemos reponernos rapidamente de un catarro, gozando, en general la especie humana, de un excelente sistema inmunológico.

La cueva de Manot, a 220 metros sobre el nivel del mar, fue descubierta en 2008 cuando una excavadora limpiaba el terreno y resultó albergar en su interior un paraiso para los paleontólogos y antropólogos, un tesoro que llevaba sellado alrededor de 15.000 años. El interior de la gruta, con una longitud de 80  y una anchura de entre 10 y 25 metros, parece que fue ocupado durante el Paleolítico Inferior y el Paleolítico Medio. Los primeros en explorar la cueva, un grupo de espeleólogos aficionados, hallaron sobre una cornisa de la gruta la parte superior de ese cráneo sobre el que posteriormente investigadores, y através de pruebas de uranio radiactivo, determinaron  su edad  en 55.000 años.  En sucesivas campañas de excavación se ha obtenido abundante material como restos de animales y utensilios no descartando encontrar en un futuro más restos óseos sobre lo que sí sea posible realizar un análisis de ADN, dado que las condiciones en que se conservaron los restos de este primer cráneo hallado imposibiltan, según la opinión más realista de los entendidos, la existencia de materia con la que poder realizar dicha analítica.

El hallazgo dará mucho que investigar a los expertos y curiosos pues se trata de una pieza dentro de un entorno excepcionalmente importante que constata la convivencia de la especie humana con la especie neandertal en Oriente Medio, llenando así un vacio importante en el registro fósil del Homo sapiens en su travesía de Africa a Europa.

La noticia es de hace ya algo más de un mes, antes de la aparición de esta web, pero dada su gran relevancia y cercanía, Enésima Centuria, no ha podido obviar su publicación.