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miércoles, 16 de septiembre de 2015

Homo naledi, nueva especie homínida en Sudáfrica

ENÉSIMAS NUEVAS.
Alexis Pardillos.
Fuentes: eLife, El País


Homo naledi, partes de cráneo y mandíbula. Imagen: Estudio Lee G. Berger

Cada cierto tiempo se vienen realizando descubrimientos paleoantropológicos que vienen a cubrir vacíos en cuanto a nuestro conocimiento sobre la línea de la evolución humana, enriqueciendo la sabiduría sobre nuestros ancestros más remotos. En esta ocasión, es posible que se haya encontrado el eslabón entre el género Australopithecus y el género Homo,  aunque el hallazgo suscita, a su vez, tanto interés como polémica.
Una vez más, en Sudáfrica, es donde se han encontrado los restos de al menos unos quince individuos entre adultos, ancianos y niños, en la Rising Star cave de la provincia de Gauteng, amontonados en una sima de extraordinario y difícil acceso.
Los 1500 huesos hallados revelan, no solo que fueron allí cuidadosamente acumulados con delicadeza extrema, en lo que podría ser el primer ritual funerario hasta ahora conocido, sino que además muchas de aquellas piezas no corresponden a ningún otro espécimen conocido hasta la fecha.
Homo naledi, composición esqueleto. Imagen: Estudio Lee G. Berger
Así pues, se constituye una nueva especie dentro del árbol evolutivo de nuestra especie, que se ha venido a denominar Homo naledi. El término, naledi,  proviene de la lengua local sesotho y quiere decir “Estrella”.
Cuando Lee G. Berger, explorador y antropólogo norteamericano, encontró el yacimiento, buscó por las redes sociales candidatos arqueólogos y antropólogos de pequeñas dimensiones y sin claustrofobia que pudieran ayudarle. Aquella exigencia venía impuesta por la difícil accesibilidad para, tras solventar diversos recovecos,  llegar hasta el lugar del enterramiento.
Solo de esta manera ha sido posible extraer con delicadeza los restos para su investigación, en lo que se ha venido a convertir en la mayor acumulación de restos homínidos en un solo lugar de todo el continente africano, siendo de las más grandes del mundo.
Para llegar hasta el emplazamiento hay que recorrer 80 metros de oscura gruta, subir una pared y escurrirse por una grieta, estructura que los descubridores equiparan con la de un buzón de correos. Además, no hay señales de traumatismos ni mordiscos en los huesos que delaten que fueron arrojados al vacío o devorados por alguna fiera o por canibalismo.
 
Estructura de la Rising Star Cave. Imagen: Grafika24
Así pues, a pesar de la dificultad de acceso a la ubicación, los cuerpos parece que fueron cuidadosamente depositados en lo que supondría uno de los primeros rituales funerarios constatados hasta la fecha, todo ello a la espera de los resultados que se desprendan de las pruebas de datación de los huesos, algunos de los cuales, al contrario que otras muestras, no presentaban señales de fosilización.
Los profesores del CSIC y del MNCN,  Marcus Bastir y Daniel García Martínez, han trabajado en el proyecto analizando el tórax y reconstruyendo en 3D toda la estructura torácica partiendo de las costillas y las vertebras encontradas. Según los científicos la especie tenía un tronco y una columna vertebral muy primitiva, como la de los australopitecos. Además el primer metacarpo presenta una curvatura, adaptación surgida en sus ancestros para trepar por los árboles, presente en los chimpancés y en los primeros australopitecos.
 
Comparación de los metacarpos de naledi con el de un chimpancé. Imagen: Estudio Lee G. Berger 
Aunque con un toro supraorbital bien definido, disparidades dentales y una menor capacidad cerebral terminan por definir H. naledi como una nueva especie del género Homo, al diferir de todas las especies conocidas hasta la fecha.
Por la morfología de la especie y según los expertos responsables del hallazgo, Homo naledi, se situaría entre el género Australopithecus y las especies plenamente homínidas como el Homo habilis o el Homo erectus. Así pues, su existencia podría enmascarar el auténtico eslabón perdido entre los australopitecos y aquellos, hasta ahora, primeros homínidos.
El género australopiteco derivó de los ardipitecos, una de las ramas primigenias que fue separándose del mundo de los chimpancés, para, como es ampliamente aceptado, dar origen, por evolución, al género Homo. Los restos de aquellos fósiles (ardipitecos y primeros australopitecos) datan de entre unos 4,5 y 4,2 millones de años. De este modo los expertos estiman que Homo naledi podría haber surgido de aquellos australopitecos hace al menos 2 millones de años.
Los restos más antiguos hallados de una especie divergente de los chimpancés con más parecido al género homínido pertenecen al individuo Toumaï, Sahelanthropus tchadensis, descubiertos en el desierto de Djurab, en el Norte de Chad, en 2001, y cuya datación fue establecida entre 6 y 7 millones de años.
El estudio, publicado la semana pasada en la revista científica eLife, cuenta con la participación de la Universidad Autónoma de Madrid, entre muchas otras de todo el mundo.
 
Homo naledi, pie. Imagen: Estudio Lee G. Berger
No obstante, existen voces discordantes y agoreras que, profundamente escépticas, interpelan por los resultados de las dataciones de naledi, no descartando una edad más bien joven para los huesos, no más de 100.000 años.
En ese caso nos encontraríamos ante una especie que habría vivido hace relativamente muy poco y que habría quedado extinta sin dar tiempo a modificaciones. Tal y como fue el caso del Homo Floresiensis hallado en la isla de Java, en Indonesia. No pudiendo, de este modo, haber sido ascendentes de nuestra especie humana.
Según Juan Luis Arsuaga, eminente paleoantropólogo español, codirector del proyecto Atapuerca, el descubrimiento resulta "asombroso", aunque piensa que en el pasado pudiera existir otra apertura en la cueva que facilitara la llegada hasta el acceso, tal y como manifiesta a El País.
Así pues, deberemos estar muy atentos a los resultados de todas aquellas pruebas científicas para conocer la datación aproximada de los restos y saber en qué dirección enfocar los orígenes de esta nueva especie del género homínido. Desde Enésima Centuria seguiremos informando.

 
 





 

jueves, 27 de agosto de 2015

Nuevos hallazgos en torno a los neandertales del "Abric Romaní" en Barcelona


ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuente: IPHES, SINC


 Recipiente excavado en el suelo / Foto: Palmira Saladié (IPHES)



La campaña de excavaciones de este año en el yacimiento neandertal catalán del Abric Romaní, en Capellades, Barcelona, ha sacado a la luz, no solo 10.000 nuevos fósiles, sino, además, un recipiente de 40 x 30 x 10 cms. excavado en el suelo que, probablemente, pudo haber servido para calentar agua.

En esta ocasión, las actividades de excavación se han situado en la unidad Qa del asentamiento, en una superficie de unos 180 m2, y cuya datación se remonta a hace unos 60.000 años de antigüedad.

Los restos fósiles, corresponden, no solo a partes de aquellos especímenes homínidos, sino también a infinidad de huesos  que pertenecieron a unos 15 animales, principalmente a caballos, ciervos, cabras y uros (especie bovina ya extinta), y que sirvieron de alimento a aquellos neandertales.  

Además se han encontrado multitud de herramientas confeccionadas en sílex, caliza y cuarzo, quedando muescas de las mismas en aquella extensa colección de huesos animales.

Desde que en 1983 comenzaran las excavaciones en este abrigo del Capelló, perfilado por la naturaleza dentro de un barranco de travertino (carbonato cálcico), han sido muchos los hallazgos realizados en relación a los hombres y mujeres neandertales que allí vivieron en torno hace unos 75.000 y 40.000 años. 

Expertos del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), que hasta junio de este mismo año estuvo dirigido por el eminente paleontólogo D. Eudald Carbonell,  han valorado como singulares, no solo el hallazgo de aquel agujero cóncavo excavado en el suelo, como posible recipiente para agua, sino también el hecho de que aquellos neandertales dividieran el alojamiento en habitaciones y separaran los desperdicios y los arrinconaran en un lugar apartado de aquella estancia, algo que resulta muy poco habitual en el registro mundial de yacimientos para esta misma especie homínida y todas las existentes en aquellos tiempos del Pleistoceno superior.

Este yacimiento, en el que se han localizado más de 200 hogares, está resultando clave para conocer cómo vivía la especie homínida neandertal, cuyo ADN, finalmente, acabó mezclado con el de nuestros ancestros.



viernes, 7 de agosto de 2015

Nuevas desde Atapuerca: Un mapa geomorfológico y nuevos restos homínidos

ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos.
Fuente: SINC, EIA



Ya desde finales del siglo XVIII hubo visionarios que, conocedores de esta interesante  sierra situada en el Noreste de la cuenca del Duero, en la provincia de Burgos, en una constante negociación con las administraciones, se tornaron admiradores y protectores de ella, hasta que en 1977 se consolidó un grupo de expertos, el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), cuyos sucesivos descubrimientos obtuvieron el reconocimiento del lugar como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000, siguiendo desde entonces dándonos sorpresas cada temporada de excavaciones que se sucede.

La pequeña serranía, con una colina de 1.085 metros de cota máxima sobre el nivel del mar, fue formada hace unos dos millones de años por arenas, calizas y areniscas de origen marino con una edad de unos 100 millones de años, y posteriormente utilizada, durante generaciones, por diversas especies del género homo para su asentamiento y el desarrollo de sus vidas, en un estadio crucial para nuestra evolución.

Las investigaciones del año 2013 concluyen que la sierra habría estado habitada por poblaciones enlazadas desde que llegaron los primeros hombres hace 1,4 millones de años y hasta más allá de la extinción del Homo neanderthalensis, del que se sabe que habitó la serranía pero solo por sus útiles hallados, y no, aún, por ningún resto humano fósil encontrado.

Ahora, quince años después de ser la zona declarada Patrimonio de la Humanidad, y con miles de descubrimientos fósiles extraídos de sus entrañas, Atapuerca, nos sorprende de nuevo, por un lado, con nuevos hallazgos del EIA de cráneos de homínidos de en torno a 430.000 años en la Sima de los Huesos, y por otro, con un detallado mapa geomorfológico completo de la zona que nos muestra como se formó la sierra y su entorno, obra de científicos del CENIEH.

Publicado un mapa geomorfológico de la Sierra de Atapuerca y su entorno

Científicos del CENIEH, Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, en Burgos, han elaborado recientemente un mapa geomorfológico del área, dada su gran riqueza e importancia, especialmente paleoantropológica. 

El plano, que abarca 207 kms2, englobando la Sierra de Atapuerca  y el Valle Medio del Arlazón, analiza la geología del terreno y su formación, sobre todo durante el Cuaternario, hace unos dos millones de años, cuyas transformaciones son las que ahora principalmente conforman el peculiar paisaje.

Las formas características de la sierra se originaron por efecto de la erosión durante el  Neógeno, hace entre 23 y 2,5 millones años, cuando la cuenca del Duero estaba aun cerrada y no evacuaba al Atlántico.

Cuando la cuenca del Duero se abrió paso a aquel océano, se formaron terrazas fluviales, que a su vez originaron los valles fluviales actuales. En este valle se produjo la transformación en catorce etapas diferenciadas por sus distintos niveles freáticos.

“Los ríos de las etapas más antiguas fueron los responsables de la disolución de las calizas en la Sierra de Atapuerca y la formación de las cavidades donde se encuentran los yacimientos”, explica, para SINC, Alfonso Benito-Calvo, autor principal del mapa y el estudio, publicado en Journal of Maps.

El mapa geomorfólogico elaborado por CENIEH

Pulse  AQUÍ  para ir al documento del mapa completo.

Descubiertos cráneos de homínidos de unos 430.000 años de antigüedad

La última campaña de excavaciones del EIA, que concluyó este pasado més de julio, revela el descubrimiento en la Sima de los Huesos de varios restos de cráneos de una especie homínida con una antigüedad, a falta de más análisis,  de unos 430.000 años.

Según Juan Luis Arsuaga, codirector de las excavaciones, se están montando 17 cráneos encontrados en otras campañas y alguno de estos fragmentos podría completar alguno de ellos. Además han aparecido restos que podrían pertenecer a otros individuos. 

Algunos de los restos están procediendo a ser analizados en laboratorio más en profundidad.

Pronto tendremos más noticias desde Burgos en relación a este hallazgo.



Una retrospectiva del colosal yacimiento

Ya desde 1782, Manuel Francisco de Paula, vicario de la comarca, puso en relevancia la importancia de la sierra, en concreto de las denominadas Cueva Mayor y Sima de los Huesos, que plasmó en plano y cuyo estudio fue enviado en 1795 a D. Tomás López para su inclusión en el Diccionario Geográfico-Histórico, que éste estaba elaborando.

D. Felipe de Ariño y López, Gobernador Civil de Burgos jubilado, solicitó en 1863 a la reina Isabel II una concesión para poder realizar en el área investigaciones de carácter geológico y arqueológico, dado el gran interés que ya para aquella época la mágica serranía iba despertando.

En 1868, Pedro Sampayo y Mariano Zuaznávar elaboraron un trabajo que, más adelante, en 1910, encandiló a nuestros más grandes expertos en Arqueología del momento, Henri Breuil, Hugo Obermaier y Jesús Carballo.

La Guerra Civil española paralizó cualquier tipo de excavación e investigación y no fue hasta 1951 cuando un activo e inquieto grupo espeleológico, el Grupo Espeleológico Edelweiss, reanuda las actuaciones para seguir investigando la sierra y sus cavidades. Fruto de este empeño fue toda la topografía de la zona y la catalogación de todas y cada una de las cavidades de la formación.

En 1962, José Luis Uribarri, miembro del citado grupo espeleológico, descubre en la Trinchera del Ferrocarril vario Huesos fosilizados. Así pues entre 1964 y 1966 se realizan las primeras excavaciones arqueológicas y en 1972, el mismo grupo, bajo la coordinación de aquel, descubre la Galería del Sílex. Además, es en esta época cuando, gracias a las gestiones de dicho grupo de investigación, se impide la expropiación forzosa del área para ser utilizada como campo de maniobras militar. Es a partir de entonces cuando se inicia la tramitación para declarar Atapuerca como Monumento Histórico Artístico, reconocimiento que no se obtiene hasta 1987.

El descubrimiento en la Sima de los Huesos de los primeros restos de Homo heidelbergensis, en 1976, favoreció que en 1977 se presentara el proyecto para la creación del Equipo de Investigación de Atapuerca. Desde entonces ha sido imparable la recolección de muestras y esclarecedor el mapa evolutivo humano que se ve generando con su estudio.

En 1992, cuando Miguel Indurain arrasaba con su bicicleta por toda la geografía europea, en la Sima de los Huesos se encontraban multitud de restos bien conservados de Homo heidelbergensis, como aquel cráneo-5 que, en honor al deportista navarro, se vino a denominar Miguelón y que el desarrolló de las investigaciones nos fue desvelando que la vida de su desafortunado portador sufrió un trágico acontecimiento, en forma de dura pedrada, que posteriormente desencadenó su muerte.

 Foto: Cráneo de Miguelón / Junta Castilla y León

En 1994, se descubrieron, en el yacimiento de la Gran Dolina, los restos de un individuo que datarían de unos 850.000 años de antigüedad. El hallazgo fue producido por Aurora Martin, quien ahora es Coordinadora del Museo de la Evolución Humana, en Burgos, España, y el individuo, que posteriormente se catalogó como Homo antecessor,  vino a denominarse afectivamente “Niño de la Gran Dolina”.

En 2007 se descubren restos de la primera especie homínida, aun sin catalogar, que debió habitar la sierra, hace unos 1,2 - 1,3 millones de años, encontrados en la Sima del Elefante. 

En la campaña de 2012, además de encontrar restos de Homo heidelbergensis, se hallaron herramientas, y algo muy curioso, único, restos de un oso que habitó la zona, entre oso pardo y oso de las cavernas, el “Ursus dolinensis” u Oso de la Dolina.

En 2013 se encontró un pequeño cuchillo de sílex, que data, según los expertos de aproximadamente 1,4 millones de años.

En la actualidad, tras los últimos descubrimientos de la campaña de este año 2015, el Equipo de Investigación de Atapuerca, dirigido por José María Bermúdez de Castro y por Juan Luis Arsuaga, que tantos éxitos científicos han cosechado, se esfuerza por esclarecer el panorama de la Prehistoria en aquella sierra burgalesa, además de mantener constante aquella pasión por el descubrimiento de nuevas especies homínidas.







lunes, 22 de junio de 2015

Hallado sapiens bichozno de un neandertal

ENÉSIMAS NUEVAS.
Alexis Pardillos.
Fuentes: SINC, Nature


Oase 1, Imagen: Svante Pääbo, Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology / Nature



Últimos estudios sobre ADN del genoma humano, publicados en la revista Nature y realizados sobre restos hallados en febrero del año 2002, en Rumanía, revelan que uno de los individuos a los que pertenecían aquellos restos era un Homo sapiens descendiente de un Homo neanderthalensis, fruto del  tan buscado eslabón, en los últimos tiempos, entre ambas especies.

Los restos, una mandíbula con una datación de entre unos 35.000 y 40.500 años de antigüedad y un cráneo de otro individuo, fueron encontrados por tres espeleólogos en la denominada cueva Peștera cu Oase, y por ello denominados Oase 1.

A medida que los sapiens, salidos de África, se iban adaptando a la zona europea, tradicionalmente ocupada por neandertales, hace unos 35.000 a 45.000 años, éstos últimos iban desapareciendo. Pero hubo tiempo para un cruce racial, que ya se evidenciaba tras los pasados hallazgos en nuestro mismo ADN, y he aquí su registro genético. 

El estudio ha sido desarrollado por el profesor David Reich, investigador en el Harvard Medical School (EE UU), que lidera el trabajo junto al profesor Svante Pääbo y su equipo, del Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology, de Leipzig, Alemania,  que sigue el rastro de ese 2 a 4% neandertal de ADN del que en la actualidad  se compone el  genoma humano de cada uno de los homo no africanos.

La muestra,  Oase 1, el fósil de homo sapiens moderno más antiguo encontrado en Europa hasta la fecha, parece presentar una filiación neandertal en su genoma de entre un 6 y un 9,4%, muy superior al de ningún registro analizado hasta la fecha.

Esto parece evidenciar que ese individuo procedía de un cruce con un neandertal realizado en aproximadamente una quinta o una sexta generación previa, unos 200 años antes de su propia existencia. 

Así pues podríamos encontrarnos ante el bichozno o el pentanieto de aquel Homo neanderthalensis que se fundió con nuestra especie.

A pesar de que los análisis revelan que la mandíbula presenta mayores semejanzas genéticas con asiáticos del Este y con nativos americanos, su aportación de ADN neandertal en nuestro genoma parece innegable, cuya mezcla además potenció e instauró nuevas  defensas en nuestro organismo.

Efectivamente no fue negativa para aquellos primeros hombres modernos ni para los actuales, no envileció la especie humana si no que, tal y como propuso un estudio de investigadores de la Escuela de Medicina de la Universidadde Stanford, al contrario, aquella mezcla fortaleció nuestro sistema inmunológico introduciendo  nuevas variantes de genes, entre ellos los HLA, que pasaron a reconocer  y destruir los nuevos patógenos con una variabilidad y flexibilidad tal y como requería la rápida evolución de los propios virus. Es por aquellos antígenos generados en todos los descendientes de aquella mezcla que, por ejemplo, podemos reponernos rápidamente de un catarro, gozando, en general la especie humana, de un excelente sistema inmunológico.