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jueves, 8 de octubre de 2015

Nuevo fósil cocodrilo en el Pirineo Catalán


ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuente: ICP, Peerj


Recreación de Allodaposuchus Hulki. Imagen: ICP

Hace unos 69 millones de años paseaban, por el Pirineo catalán de Lleida, con sus enormes y pesados cuerpos acorazados, una especie muy singular de cocodrilos que había surgido muy probablemente de estas tierras, y que convivió con diferentes especies de dinosaurios. Es el Allodaposuchus Hulki, identificado recientemente por científicos catalanes.
En el año 2003 se recolectaban los restos de un enorme cocodrilo antiguo en el pueblo de Orcau, en Lleida. Pertenecía al género Allodaposuchus, pero determinadas características en los restos del individuo, varias partes del cráneo, la columna vertebral, la cintura escapular y las extremidades anteriores,  han permitido a los científicos del Institut Catalá de Paleontología Miquel Crusafont (ICP) y de la Universidad de Barcelona (UB), describir el ejemplar como una nueva especie.
El estudio morfológico y el análisis de las estructuras musculares ponen de manifiesto una especie robusta y pesada con unas extremidades igualmente fuertes para sostener dicha cantidad de peso. La especie no arrastraría el cuerpo y lo mantendría separado del suelo. Por ello, la nueva especie ha sido bautizada con el nombre de Allodaposuchus Hulki, en honor al personaje de la Marvel, el Increible Hulk, que no solo era fuerte, sino que además era verde.
El género Allodaposuchus era endémico de Europa y uno de los más habituales durante tiempos del Maastrichtiense, a finales del Cretácico Superior, probablemente originario de la península ibérica, donde se han encontrado, los más completos restos de diferentes especies. De esta época corresponden casi todos los restos hallados del género, distribuidos además, en Europa, principalmente por Francia y Rumanía.
Los orígenes de la existencia de esta especie coinciden con los últimos días de las especies de dinosaurios no aviares, que cohabitaron en el Pirineo con este cocodrilo.
Pero no solo la musculatura hacía de este ser un animal especial. Sendos orificios descubiertos a ambos lados del cráneo, y que parecen ser una suerte de oídos superfinos, comunicados con el interior por multitud de canales en un laberíntico recorrido, no solo debían agudizar aquel acústico sentido, sino que además minimizaban el peso de la cabeza, para no dotar de sobrepeso al ya de por sí vetusto cuerpo del reptil. Ese oído por supuesto que le permitiría detectar antes a sus presas y le facilitaría ampliamente la existencia.
 
 
Partes del cráneo halladas. Imagen: ICP
 
El género Allodaposuchus, según una reclasificación hecha en 2014, estaría emparentado, así pues, con los actuales gaviales, caimanes y cocodrilos, dentro del orden Cocrodilia.
El trabajo, encabezado por el investigador Alejandro Blanco, Paleontólogo del ICP, que identifica a esta nueva especie cocodriliana, ha sido publicado en la revista científica Peerj y representa un conocimiento más profundo de la fauna que se desarrollaba en nuestro continente allá en tiempos del Cretácico.

 
 
 
 

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Homo naledi, nueva especie homínida en Sudáfrica

ENÉSIMAS NUEVAS.
Alexis Pardillos.
Fuentes: eLife, El País


Homo naledi, partes de cráneo y mandíbula. Imagen: Estudio Lee G. Berger

Cada cierto tiempo se vienen realizando descubrimientos paleoantropológicos que vienen a cubrir vacíos en cuanto a nuestro conocimiento sobre la línea de la evolución humana, enriqueciendo la sabiduría sobre nuestros ancestros más remotos. En esta ocasión, es posible que se haya encontrado el eslabón entre el género Australopithecus y el género Homo,  aunque el hallazgo suscita, a su vez, tanto interés como polémica.
Una vez más, en Sudáfrica, es donde se han encontrado los restos de al menos unos quince individuos entre adultos, ancianos y niños, en la Rising Star cave de la provincia de Gauteng, amontonados en una sima de extraordinario y difícil acceso.
Los 1500 huesos hallados revelan, no solo que fueron allí cuidadosamente acumulados con delicadeza extrema, en lo que podría ser el primer ritual funerario hasta ahora conocido, sino que además muchas de aquellas piezas no corresponden a ningún otro espécimen conocido hasta la fecha.
Homo naledi, composición esqueleto. Imagen: Estudio Lee G. Berger
Así pues, se constituye una nueva especie dentro del árbol evolutivo de nuestra especie, que se ha venido a denominar Homo naledi. El término, naledi,  proviene de la lengua local sesotho y quiere decir “Estrella”.
Cuando Lee G. Berger, explorador y antropólogo norteamericano, encontró el yacimiento, buscó por las redes sociales candidatos arqueólogos y antropólogos de pequeñas dimensiones y sin claustrofobia que pudieran ayudarle. Aquella exigencia venía impuesta por la difícil accesibilidad para, tras solventar diversos recovecos,  llegar hasta el lugar del enterramiento.
Solo de esta manera ha sido posible extraer con delicadeza los restos para su investigación, en lo que se ha venido a convertir en la mayor acumulación de restos homínidos en un solo lugar de todo el continente africano, siendo de las más grandes del mundo.
Para llegar hasta el emplazamiento hay que recorrer 80 metros de oscura gruta, subir una pared y escurrirse por una grieta, estructura que los descubridores equiparan con la de un buzón de correos. Además, no hay señales de traumatismos ni mordiscos en los huesos que delaten que fueron arrojados al vacío o devorados por alguna fiera o por canibalismo.
 
Estructura de la Rising Star Cave. Imagen: Grafika24
Así pues, a pesar de la dificultad de acceso a la ubicación, los cuerpos parece que fueron cuidadosamente depositados en lo que supondría uno de los primeros rituales funerarios constatados hasta la fecha, todo ello a la espera de los resultados que se desprendan de las pruebas de datación de los huesos, algunos de los cuales, al contrario que otras muestras, no presentaban señales de fosilización.
Los profesores del CSIC y del MNCN,  Marcus Bastir y Daniel García Martínez, han trabajado en el proyecto analizando el tórax y reconstruyendo en 3D toda la estructura torácica partiendo de las costillas y las vertebras encontradas. Según los científicos la especie tenía un tronco y una columna vertebral muy primitiva, como la de los australopitecos. Además el primer metacarpo presenta una curvatura, adaptación surgida en sus ancestros para trepar por los árboles, presente en los chimpancés y en los primeros australopitecos.
 
Comparación de los metacarpos de naledi con el de un chimpancé. Imagen: Estudio Lee G. Berger 
Aunque con un toro supraorbital bien definido, disparidades dentales y una menor capacidad cerebral terminan por definir H. naledi como una nueva especie del género Homo, al diferir de todas las especies conocidas hasta la fecha.
Por la morfología de la especie y según los expertos responsables del hallazgo, Homo naledi, se situaría entre el género Australopithecus y las especies plenamente homínidas como el Homo habilis o el Homo erectus. Así pues, su existencia podría enmascarar el auténtico eslabón perdido entre los australopitecos y aquellos, hasta ahora, primeros homínidos.
El género australopiteco derivó de los ardipitecos, una de las ramas primigenias que fue separándose del mundo de los chimpancés, para, como es ampliamente aceptado, dar origen, por evolución, al género Homo. Los restos de aquellos fósiles (ardipitecos y primeros australopitecos) datan de entre unos 4,5 y 4,2 millones de años. De este modo los expertos estiman que Homo naledi podría haber surgido de aquellos australopitecos hace al menos 2 millones de años.
Los restos más antiguos hallados de una especie divergente de los chimpancés con más parecido al género homínido pertenecen al individuo Toumaï, Sahelanthropus tchadensis, descubiertos en el desierto de Djurab, en el Norte de Chad, en 2001, y cuya datación fue establecida entre 6 y 7 millones de años.
El estudio, publicado la semana pasada en la revista científica eLife, cuenta con la participación de la Universidad Autónoma de Madrid, entre muchas otras de todo el mundo.
 
Homo naledi, pie. Imagen: Estudio Lee G. Berger
No obstante, existen voces discordantes y agoreras que, profundamente escépticas, interpelan por los resultados de las dataciones de naledi, no descartando una edad más bien joven para los huesos, no más de 100.000 años.
En ese caso nos encontraríamos ante una especie que habría vivido hace relativamente muy poco y que habría quedado extinta sin dar tiempo a modificaciones. Tal y como fue el caso del Homo Floresiensis hallado en la isla de Java, en Indonesia. No pudiendo, de este modo, haber sido ascendentes de nuestra especie humana.
Según Juan Luis Arsuaga, eminente paleoantropólogo español, codirector del proyecto Atapuerca, el descubrimiento resulta "asombroso", aunque piensa que en el pasado pudiera existir otra apertura en la cueva que facilitara la llegada hasta el acceso, tal y como manifiesta a El País.
Así pues, deberemos estar muy atentos a los resultados de todas aquellas pruebas científicas para conocer la datación aproximada de los restos y saber en qué dirección enfocar los orígenes de esta nueva especie del género homínido. Desde Enésima Centuria seguiremos informando.

 
 





 

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Descubierto un "delfín de río" fósil en rocas marinas de Panamá


ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuentes: SINC, PeerJ
 
Foto: Nicholas D. Pyenson / Smthsonian Institution


Encontrados en Panamá los restos de un delfín de río, ya extinguido, que podría facilitar el conocimiento de la evolución de estos mamíferos acuáticos.

Las muestras, con una antigüedad de unos seis millones de años corresponden a la que se ha venido a denominar Isthminia panamensis, una especie que vendría a rellenar, según científicos del Instituto Smithsonian , en E.E.U.U., algunos vacíos en el árbol evolutivo de los delfines.
 
Recreación de Isthminia panamensis / Julia Molnar / Smithsonian Institution

Los restos fósiles, consistentes en el cráneo, la mandíbula con la dentadura casi completa, parte del omoplato derecho y un par de huesos de la aleta, evidencian un majestuoso ejemplar de unos tres metros de longitud que murió cerca de las costas de Piña, en la actual República de Panamá.

Parece ser que los delfines provienen del Mesonyx, género de mamíferos cordados prehistóricos, ya que poseían dedos con pezuña en lugar de garras, perteneciente a la familia Mesonychidae, orden Mesonychia.  No obstante existen divergencias en cuanto al origen de este grupo de mamíferos acuáticos.
Mesonyx / Imagen: Tardiscat 
Aquel Mesonyx vivió aproximadamente hace entre unos 95 y 52 millones de años, durante el Eoceno, en el hemisferio septentrional, donde era un rápido y voraz depredador.

La especie comenzó a acercarse al agua para cazar y acabó adaptándose, así, a la vida en este fluido. Empezó, de este modo, el cambio evolutivo que dio lugar a los actuales delfines.

Con el tiempo, el Mesonyx perdería su pelaje. Sus patas delanteras se retraerían para ser usadas como remos y las traseras se atrofiarían. Las fosas nasales irían desplazándose a la parte superior de la cabeza, para poder respirar sin salir del agua  y las mandíbulas dentadas se afilarían cada vez más para propiciar mortales mordeduras a sus presas.
Gráfico que mostraría la evolución del Mesonyx hasta el Delfín


Según indican los científicos del Smithsonian, si bien ballenas y delfines provienen de ancestros terrestres que evolucionaron en mamíferos acuáticos, los delfines de río hicieron un camino inverso al volver de la tierra a ecosistemas de agua dulce, a la vez que aseveraron que Isthminia sería el pariente más cercano de los delfines del rio Amazonas.

Dentro del mundo de los  delfines es interesante señalar la diferencia entre los delfines oceánicos (familia Delphinidea) y los delfines de río (familia Platanistoidea), ambos grupos Cetáceos Odontocetos pero de familias diferentes.

La familia de los delfines de río está compuesta en la actualidad solo por cuatro especies, una de ellas probablemente ya extinguida, conociéndose mucha más variedad en el mundo fósil.

Y  es a esta última familia de delfines de río a la que, por sus características, pertenecería esta nueva especie descubierta en Panamá, cuyo hallazgo, entre rocas de origen marino, revelaría su hábitat  oceánico, donde parece que ya desarrollaba su vida aquel maravilloso delfín.

 

 
 
 

viernes, 28 de agosto de 2015

Un “Dientes de Sable” de Orce en un sello de Correos


ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos.
Fuente: SINC, PPB y AAH


Sello emitido por Correos y Telégrafos, España, en 2015 


La Sociedad Estatal “Correos y Telégrafos”, de España, ha emitido recientemente un sello de correos en conmemoración del hallazgo, en 1995, de restos de Megantereon whitei (Broom, 1937), un felino de largos caninos, o dientes de sable, de origen africano, en el yacimiento de Venta Micena, en Orce, Granada, España.

EL TIGRE DEL SELLO

 

En el sello se pueden apreciar detalles de los restos de la mandibula del tigre hallados en aquella localidad granadina, en lo que supuso un cambio radical en cuanto al conocimiento de la fauna cuaternaria presente en aquella zona, fundamentalmente  en el Pleistoceno Inferior, hace entre 1,6 millones y  700.000 años.

El Megantereon whitei era un tigre "dientes de sable" de tamaño medio, esto es de unos 100 kgs. de peso, no por ello dejando de ser un gran depredador, que convivió en aquellas tierras con un hermano mayor suyo de hasta 250 kgs. (Homotherium latidens). También completaban parte de aquella fauna un lince de unos 15 kgs. (Lynx aff. Isiodorensis), un  lobo, también de origen africano (Canis Xenocion falconeri), un pequeño zorro cuasi ártico (Vulpes praeglacialis), coyotes (Canis etruscus), además de un oso de más de 300 kg. (Ursus etruscus) y una especie de hienas gigantes, de unos 90 kgs., más voraces aun que cualquier otra especie conocida de éstos carnívoros feliformes  (Pachycrocuta brevirostri).

 Megantereon whitei, en una recreación de Mauricio Antón


Concretamente Megantereon whitei era un felino extremadamente musculoso, semejante a un jaguar pero de cuello más largo y cola más corta, más bien parecido a un lince y con las mismas o mayores facultades que estos últimos.

Investigaciones posteriores revelaron que muchas de aquellas especies carroñeras acompañaron a M. whitei, en su camino desde África hasta estas localizaciones, ya que éste les aseguraba una importante fuente de alimentación con los deshechos que generaban sus abundantes y sanguinarios banquetes dietéticos.



Comparativa de especies predadoras del Pleistoceno Inferior en Orce, Granada 
Dibujos de Mauricio Antón


Para profundizar en la fauna encontrada en aquella localidad, sin duda les remitimos al SIGUIENTE ENLACE, en una fantástica web de Paul Palmqvist Barrena y Alfonso Arribas Herrera, donde se nos ofrece una  información pormenorizada, no solo de M. whitei, sino del resto de fauna presente en aquel hábitat ecológico durante aquellos tiempos del Pleistoceno Inferior y del que con todo nuestro respeto e interés didáctico hemos extraido algunas imágenes.

Un agradecimiento y  felicitación, desde aquí, no solo a aquel equipo de investigación cuyo proyecto descubrió aquel inmenso paraíso faunístico del pasado, encabezado por el eminente paleontólogo D. Bienvenido Martínez-Navarro, sino también a los autores del anterior trabajo y a Correos por ese guiño a los temas científicos que tanto nos apasionan, y de los que puedan emitir, qué se yo, multitud de homenajes filatélicos más en torno a increíbles hallazgos científicos e históricos.










jueves, 27 de agosto de 2015

Nuevos hallazgos en torno a los neandertales del "Abric Romaní" en Barcelona


ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuente: IPHES, SINC


 Recipiente excavado en el suelo / Foto: Palmira Saladié (IPHES)



La campaña de excavaciones de este año en el yacimiento neandertal catalán del Abric Romaní, en Capellades, Barcelona, ha sacado a la luz, no solo 10.000 nuevos fósiles, sino, además, un recipiente de 40 x 30 x 10 cms. excavado en el suelo que, probablemente, pudo haber servido para calentar agua.

En esta ocasión, las actividades de excavación se han situado en la unidad Qa del asentamiento, en una superficie de unos 180 m2, y cuya datación se remonta a hace unos 60.000 años de antigüedad.

Los restos fósiles, corresponden, no solo a partes de aquellos especímenes homínidos, sino también a infinidad de huesos  que pertenecieron a unos 15 animales, principalmente a caballos, ciervos, cabras y uros (especie bovina ya extinta), y que sirvieron de alimento a aquellos neandertales.  

Además se han encontrado multitud de herramientas confeccionadas en sílex, caliza y cuarzo, quedando muescas de las mismas en aquella extensa colección de huesos animales.

Desde que en 1983 comenzaran las excavaciones en este abrigo del Capelló, perfilado por la naturaleza dentro de un barranco de travertino (carbonato cálcico), han sido muchos los hallazgos realizados en relación a los hombres y mujeres neandertales que allí vivieron en torno hace unos 75.000 y 40.000 años. 

Expertos del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social), que hasta junio de este mismo año estuvo dirigido por el eminente paleontólogo D. Eudald Carbonell,  han valorado como singulares, no solo el hallazgo de aquel agujero cóncavo excavado en el suelo, como posible recipiente para agua, sino también el hecho de que aquellos neandertales dividieran el alojamiento en habitaciones y separaran los desperdicios y los arrinconaran en un lugar apartado de aquella estancia, algo que resulta muy poco habitual en el registro mundial de yacimientos para esta misma especie homínida y todas las existentes en aquellos tiempos del Pleistoceno superior.

Este yacimiento, en el que se han localizado más de 200 hogares, está resultando clave para conocer cómo vivía la especie homínida neandertal, cuyo ADN, finalmente, acabó mezclado con el de nuestros ancestros.



lunes, 24 de agosto de 2015

Las primeras plantas con flores aparecieron en España



ENÉSIMAS NUEVAS
Alexis Pardillos
Fuente: SINC, PNAS

 Montechi vinalii / Foto: David Dilcher



Tras llevar más de 100 años descubierta, una planta fósil encontrada en España revoluciona el mundo de la Paleobiología, al poder constituirse como la planta con flores más antigua jamás descubierta. 

La planta acuática, denominada Montechia vinalii, se trata de una angiosperma (planta con flores) que se descubrió por primera vez hace ya un siglo en una localización del Pirineo aragonés, en Montsec, en la provincia de Lérida.  En los años 80 se volvieron a encontrar muestras de la misma especie en la localidad de Las Hoyas,  en Cuenca.

Las flores de la planta, que desarrollaba todo su ciclo debajo del agua dulce, no eran ni mucho menos como las flores actuales. No disponiendo  de todas las partes con que se configura una flor, la Montechia no presenta pétalos ni nectarios, al uso en las flores actuales, componiéndose cada uno de sus frutos de una sola semilla.  El aspecto es muy similar a las actualmente plantas existentes del género Ceratophyllum, que se utilizan en la decoración de acuarios para peces.

Esta especie botánica habitó las aguas dulces de aquella región española hace entre unos 125 y unos 130 millones años, cuando los iguanodones y los braquisaurios campaban a sus anchas por aquellos territorios cretácicos del sector Noroeste peninsular.

 Recreación de Montechia vidalii / Oscar Sanisidro

Ahora, nuevas investigaciones, tras analizar más de mil muestras, determinan que la planta, que se desarrolló abundantemente en esa amplia región, pudo ser coetánea o incluso anterior a Archaefructus sinensis, planta acuática angiosperma similar, que se desarrolló en China y que se consideraba, hasta ahora, la planta con flor más antigua.

El estudio, llevado a cabo por un equipo internacional de paleobiólogos y que cuenta con la participación del científico español, Carles Martín-Closas, ha sido publicado recientemente en PNAS (Proceedings of the National Academy ofSciences of the United States of America).

La investigación  de esta especie botánica prehistórica podría ayudar en el conocimiento de los procesos que llevaron a unas pocas plantas a diversificarse en la inmensa variedad de especies del reino vegetal, que en la actualidad, cubren nuestro planeta, aclarando, así, uno de los grandes misterios de la fitología.